Fue Voluntario
Así es, la muerte más dolorosa y sufrida en la historia de la humanidad fue voluntaria. El hombre más rico del universo, aunque el más humilde en su paso por la Tierra, fue juzgado y recibió el castigo más cruel, reservado para los peores delincuentes, sin culpa alguna y sin decir una sola palabra. Y lo hizo porque era parte de su maravilloso plan, lo hizo porque era la única forma en que un pecador como vos y como yo podríamos acercarnos puros y sin mancha ante el Dios que es tres veces Santo, y que juzga con justicia divina a toda la humanidad. Así es, la muerte más dolorosa y sufrida en la historia de la humanidad fue por amor.
Estas fueron las palabras de Jesús: "Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre." - S. Juan 10:18 (DHH94PC)
Recuerdo el argumento de una serie que cuando era chico me llamaba bastante la atención. Se trataba de un niño que tenía la habilidad especial de quitarle la vida o devolvérsela a cualquier ser vivo simplemente con tocarlo, eso sería fantástico para cualquier persona que quisiera por algún motivo deshacerse de alguien o traer de vuelta a la vida a algún familiar querido. Pero Dios no nos dio ese poder a ninguno de nosotros porque conoce perfectamente nuestros corazones y sabe que nada que queramos hacer con un poder así tendría buenos resultados. En cambio sí se lo dio a Jesús, y no porque sea su hijo, sino porque sabía que todo lo que él hiciera con un poder así estaría acorde a la voluntad del Padre. Filipenses 2:8 nos muestra el ejemplo de obediencia que mostró Cristo. Tan obediente fue que no sólo vivió una vida santa cumpliendo con todos los mandamientos que Dios dejó en su Palabra, sino que estuvo dispuesto a sufrir hasta el último momento, hasta perder el aliento de vida en esa cruz del calvario. Allí murió el Salvador del mundo.
"Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos." (Isaías 53:3) Así mostró su obediencia el perfecto Hijo de Dios, teniendo el poder y el derecho de quitar la vida a todo el mundo decidió entregar la suya propia, aun sabiendo que eso significaba estar separado de Dios, para que todos los que el Padre le dio puedan tener vida eterna por medio de su muerte.
Pero él no quedó en la cruz. Después de ser sepultado resucitó al tercer día, venciendo a la muerte y dándonos la seguridad y la confianza de que así como Dios lo levantó de entre los muertos tiene el poder para resucitarnos en el tiempo postrero para pasar la eternidad con el Padre.

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